Frank Martínez Andújar
Publications

Andújar
Revista Arecibo es... Arte y cultura
por Angel Manuel Santiago
Cuando enfrento la obra de
Andujar vivencias propias se acomodan en
el laberinto de la mente. Y
me-de-la impresión que el cuadro refleja un signo de mi tiempo y de mis
reflexiones ante la vida. “Del
Éxodo y otros relatos....” es el título de esta nueva colección que
nos presenta el artista. “Éxodo”,
sinónimo de viaje, de emigración, de peregrinación, de fluir...pero también,
tiene una relación con espiritualidad, antigüedad, con perennidad...evoca a
algo respetable y no destruible ...algo sagrado.
En el Pentateuco bíblico esa palabra es signo de dolor, de esfuerzo, de
comunidad, de construcción, de edificación, de vivencilidad comunitaria.
Metáfora que se establece con la emigración del pueblo judío al
escapar del cautiverio egipcio para formar el pueblo de Israel, es el pueblo de
Dios. También está relacionada a Moisés, el hombre que descubrió en los
montes la voz de Dios y se descubrió a sí mismo en esa relación mística y
envidiable, “poder conversar con Dios”.
Los temas de esta nueva obra de Andujar metaforizan de un modo global
esas angustias y esos anhelos que todos llevamos por dentro en este peregrinar
por la vida. Cada una de las piezas
nos inician a un viaje introspectivo de la vivencia cotidiana y la reflexión del
diario vivir. Es dentro de este
laberinto interno donde el artista nos argumenta de un conocimiento implícito,
un conocimiento individual y a la vez colectivo, que no es el resultado de un
aprendizaje académico, sino, mas bien empírico. Es dentro de la vivencia, dentro de la vida misma donde el
ser humano aprende estos conocimientos, al descubrirse y encontrarse cada día y
al evolucionar con madurez y
reflexión
La
poética que se establece entre los títulos y el contenido de los trabajos
reflejan a un hombre que aloanza un conocimiento arrancado
de la vida misma, un hombre que se ha encontrado en su perfección
–imperfección, en su lucha de contradicciones; y se ve obligado a establecer
un código coherente que le dé sentido lógico a su razón de ser.
Al espectador, lo incitará a viajar; viajará en la angustia de
reflexionarse, de entenderse, de concientizarse, de buscarse y encontrarse
dentro de estas verdades y conocimiento sencillos que van más allá de ser imágenes,
color, textura y formas. El
espectador será un “ángel en cautiverio”, una metáfora del hombre perdido
dentro de sí mismo que busca y se medio encuentra para volverse a perder dentro
de su propia incomprensión. La
angustia de esa búsqueda eterna dentro de nosotros mismos se refleja a través
de la textura y el color que se engasta dentro de las formas de esta pieza (demás
está decir que es la que más me impresiona).
Y cuando encuentre esa verdad absoluta dentro de sí “ascenderá al
cielo como Elías”, será un “ángel sin nombre con alas rotas”.
Interesante resulta el manejo de la tonalidad de colores, en la paleta
del artista, que se combina con la forma y la textura de un modo jubiloso.
Detalles interesantes que se resaltan en las piezas “Altar de los
inciensos”, “ofrenda con
salterio”, y “Altar de los holocausto” donde un sabor a tiempo eterno y a
calor del color preponderan y nos invita a reconocer un lenguaje interno que es
universal por lo común que nos resulta a todos.
Ese lenguaje universal del que Humberto Eco y los más recientes teóricos
nos hablan al final del milenio. Un
lenguaje que no necesita de retóricas rebuscadas ni de andamiajes estéticos
para hacerse entendible ni apreciable. Son
símbolos simples y cotidianos que nos muestra nuestra sencillez y nuestra
mortalidad, nos muestra en nuestra total impotencia por alcanzar lo
inalcanzable; nos muestra como un “Demonio y ángel en el paraíso” de
nuestra propia contradicción. La sencillez en esta colección nos delata al
hombre detrás del artista. Delata,
también nuestra humanidad finita y
endeble como espectadores de la obra; ante estas pieza no nos queda más remedio
que sentir, pensar, reflexionar sobre nuestra naturaleza humana y la relación
del hombre con Dios, cualquiera que sea la manera en que concibamos o lo
neguemos.
El enfrentarme a la obra de Andujar es un encuentro conmigo mismo y con
la búsqueda de ese código que todo humano pensante inicia para explicarse a sí
mismo su ser. En su trabajo hay
reflexión profunda y seria experimentación con los signos icnográficos (“Ángel
de la muerte”) de un lenguaje dentro de la plástica, que le es muy propio a
su naturaleza. Con
estas palabras quiero decir que él
y su trabajo son reconocibles en cualquier tiempo y en cualquier espacio
ya que uno está unido indisolublemente con el otro.
El artista se muestra como un buscador de un lenguaje que le permita
entenderse a sí mismo y buscar explicaciones a su ser.
Pero son respuestas que no están en los libros, respuestas que sólo él
puede encontrar en este juego de imágenes, colores y formas.